Ser madre de corredores de motos no es fácil. Las caídas, los riesgos, las noches de insomnio antes de cada carrera... Pero nunca e dejado que el miedo le gane la partida al orgullo, e inculcándoles siempre responsabilidad y conciencia al momento de montar una moto decido acompañarles y ser partícipe en primera fila de sus experiencias mas profundas en las pistas. En lugar de frenar, eligió impulsar. Así, me convierto en manager, enfermera de emergencias, psicóloga emocional, promotora y por supuesto, la porrista número UNO.